Historia del Colegio Central

Presencia de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado en Puebla

Academia del Verbo Encarnado (1924)

En la ciudad de Puebla, a principios de agosto de 1924, el Excmo. Señor Arzobispo Don Pedro Vera y Zuria, hace un llamado a la Madre Berchmans, Superiora Provincial de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, solicitando personal para asumir la responsabilidad de un plantel educativo que hasta entonces estaba dirigido por religiosas de la Orden del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento cuyo personal se había visto reducido a dos hermanas.

La respuesta de la Madre Berchmans fue dada en forma afirmativa el 22 de agosto de 1924 y dio nombramiento a la Madre Marcelina Cantú como Superiora de esta casa; esta primera comunidad fue integrada por Enriqueta Moritz (asistente), Sor María de los Angeles Díaz, Sor Cáritas Robles, Sor Teresa López y Sor María de la Cruz Valenzuela y fue así como el Verbo Encarnado continua su obra, contando con los brazos extensivos que con generosidad y alegría se hacen cargo de la Academia del Verbo Encarnado.

En febrero de 1925 dieron principio los trabajos escolares de la Academia como era natural, por las circunstancias que había pasado la institución, el alumnado era muy reducido y por lo tanto las hermanas pasaron muchas dificultades, pero pronto la Academia fue tomando prestigio debido a la personalidad de la Madre Marcelina, así que todo el alumnado, externas e internas fue aumentando y las dificultades y carencias fueron solucionándose.

Eran tiempos difíciles, la persecución religiosa estaba en su apogeo y por ello es que se cambia el nombre de “Academia del Verbo Encarnado” a “Colegio Zaragoza”, fue necesario quitar la capilla y los motivos religiosos. Las hermanas no podían vestir hábito, usaban vestidos de seglares. Las dificultades para continuar actos de culto y seguir sembrando la semilla de Dios, inculcar valores y virtudes, aumentaba día a día, ya que los inspectores daban todo tipo de seguimiento a las instituciones católicas, sin embargo, con valor y sacrificio, contando siempre con la protección del Verbo Encarnado, la obra continua.

En el año de 1928, el Señor Canónico Don Fernando Anaya, pide a la entonces Madre Provincial Loyola, tomarán a su cargo una obra más, se trataba de la dirección de la Academia de Nazareth que él había fundado para beneficiar la cultura de jovencitas de escasos recursos, ya que las señoritas que la dirigían no estaban respondiendo a la atención y cuidados que se requerían. La madre Loyola accedió a esta petición y se formalizó el asunto nombrando a la Madre Toribia León como Superiora.

Como eran tan bajas las cuotas que las alumnas pagaban, las hermanas vivían en suma pobreza; con la ayuda de Dios y el sacrificio de las hermanas la Academia pudo seguir su curso. Las alumnas se dieron cuenta de que se les enseñaba más que cuando estaban con las señoritas; esto las hacia sentirse muy contentas, además su formación moral también mejoró pues aunque estaban en plena persecución religiosa se les procuraba la frecuente confesión y comunión, llevándolas por grupos y al oscurecer, a la casa en donde se encontraba escondido el Padre Alberto de Urdanivia, S.J.

Los frutos de esta educación se vieron favorecidos con el florecimiento de vocaciones para nuestra congregación.

El Colegio Zaragoza y la “Academia”

En los años de 1931 a 1935 la situación se fue componiendo, se trabajaba normalmente y en aumento de alumnado, se fortaleció la formación religiosa y se inició la estabilidad económica.

A pesar de que en 1934 en esta ciudad repercutía el sufrimiento de nuestra Patria donde no faltaron los cateos y los robos sacrílegos.

El 31 de agosto de 1934 el gobernador del Estado, envió una circular a las escuelas donde se exigía personal formado y preparado según la ideología revolucionaria, sin cuyo requisito los colegios particulares deberían suspender sus funciones.

En 1935, se fue acentuando más y más la intranquilidad. Los dueños de las casas rentadas por colegios particulares, temían perderlas, los padres de familia vivían gran desorientación, por lo mismo el primer día de clases hubo un reducido número de alumnas. Después se tuvo que separar en dos casas a los diferentes grupos y establecer la Academia comercial y 5º y 6º grado en una de ellas

En 1936, se comenzaron las clases de acuerdo con lo indicado en el calendario dado por la dirección de Educación. Durante este curso tuvimos días de paz, de temores y alarmas, pero no hubo ninguna cosa grave que lamentar.

En 1937 fue necesario que algunas hermanas trabajaran los pequeños grupos de primaria, dispersas en casas particulares. Sor María de Asís Figueroa, estaba con un grupo en la casa de don Contrán Morales, tío de Sor María de los Dolores Tamariz. Un buen día el hijo del señor Morales vio que unos hombres no se quitaban de las puertas de su ferretería la cual estaba en la parte baja de la casa. Al día siguiente cuando Sor María de Asís estaba en pleno trabajo escolar subió don Contrán y le dijo: “Madre, están los de catastro, que tienen que tomar medidas de toda la casa, por favor disperse a las niñas y haber cómo las esconde. Rápidamente empezaron los escondites, detrás del piano de la sala, dentro de un diván, debajo de la cama, dentro de un ropero, en las recámaras de las hijas de don Contrán, en la carbonera de la cocina y en la zotehuela del costurero. Sor María de Asís se quedó visible junto con las dos hijas del señor y una de las niñas que por ser muy alta no la pudieron esconder. Al llegar ahí los visitantes, don Contrán presentó a Sor María de Así como su prima que daba clases a sus hijas y a la niña como sobrina. Parece que no quedaron muy satisfechos, pues los espías no desaparecieron, y para que las niñas pudieran salir, uno de los papás que llevaba su coche hizo el favor de entrar varias veces a la casa para sacar a las niñas sentadas en el piso del auto a fin de no ser vistas. Al día siguiente tuvieron que cambiar de casa y por varios días siguió vigilada la casa de don Contrán, pero lo que buscaban había desaparecido.

Como el Verbo Encarnado no se deja vencer en generosidad premió a nuestras niñas, concediéndoles del Excmo. Señor Arzobispo Vera y Zuria, eligiera de entre las alumnas y maestras a cuatro personas para que fueran a México para la renovación del juramento del patronato, a la Santísima Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre de 1935, en representación de las religiosas y de los colegios católicos de Puebla. Fue un acto conmovedor y solemne y sobre todo de alto honor para el colegio, ya que fue una singular preferencia de parte de Dios y de nuestra Madre Santísima que de entre los colegios, éste fuera el elegido para tan honrosa comisión.

Los enemigos no cesaron de molestar a las hermanas, el 23 de julio de 1937 visitaron inesperadamente la casa del internado. Era en la tarde, como a las 5:45 p.m., cuando unos hombres tocaron el zaguán. A Sor María de Asís le tocó abrir y no quitó la cadena, pero el jefe de aquellos hombres inmediatamente metió la rodilla entre la abertura de las puertas. La Madre empezó a gritar a la señora que alquilaba la casa a nombre de las hermanas. A este grito todo el mundo se puso en marcha en perfecto silencio. Las internas se pasaron a la otra casa por la azotea, pues ya estaban aleccionadas, y aunque la señora no estaba, las empleadas domésticas les permitieron entrar, porque ya sabían que podían hacerlo, y de allí se fueron al Paseo Nuevo.

Sor Olivia Flores tomó al Santísimo y con ayuda de una de las muchachas se subió a la azotea para bajar a la casa contigua, y de allí se fue a la casa del Padre Figueroa para dejarle al Santísimo.

El Reverendo Padre Cordero, S.J., se hizo amigo del jefe, el señor Petlache, el Padre les advirtió a las hermanas que se iba a presentar con él para ver en qué podía ayudarlas. Sor María Kotska se hizo amiga del señor Petlache, de quien se recibía valiosa ayuda en tiempos difíciles, y él les consiguió la casa de la 7 Oriente, que era propiedad del gobierno estatal, una casa viejísima que en años anteriores había sido Seminario. Y allí se fueron pues nadie quería ya rentarles casa a las religiosas.

Colegio Central

Debido a tantas dificultades por las que estaban atravesando, el Consejo Provincial decidió unir la Academia de Nazareth al Colegio Zaragoza, dándole entonces el nombre de Colegio Central. Esto aconteció el 31 de mayo de 1938.

Se buscó una directora seglar, la señorita Ernestina Guarneros, para el manejo oficial del colegio. Mejoraban los tiempos, dejando trabajar con mayor libertad. El internado se albergó en la calle Avila Camacho Nº 212, junto con la residencia de las hermanas, y el colegio en la calle 7 Oriente Nº 41; terminaba el año escolar con 52 internas y 350 alumnas.

Los años siguientes ya fueron menos duros para el Colegio Central, pues el inspector, a fin del año escolar dio un magnífico informe, lo que sirvió para que se concediera la incorporación  al departamento de Secundaria. La madre Herminia Fuentes fue quien dirigió con sabia prudencia, el Colegio Central.

Cuando se les pidió que desocuparan la casa habitación internado, consiguieron del señor Cué una casa que acababa de arreglar de tres pisos, ubicada en la 5 Oriente, la cual se encontraba solamente a dos cuadras del Colegio. El alumnado crecía no sólo en número sino también fundamentalmente en vida cristiana y apostólica, florecieron las vocaciones.

Durante estos años, la Madre Herminia Fuentes, después la Madre Amata Tercero y un tiempo la Madre Antonieta Legorreta guiaron los destinos del plantel, dando preferencia a la Congregación Mariana, la Acción Católica y la Asociación del Verbo Encarnado.

En 1950 preparando las Bodas de Plata del Colegio, hay un cambio inesperado de la directora del Colegio, Sor María Antonia Fernández hace entrega de su responsabilidad a la Madre María Auxilio Soto Petit, asignada para seguir llevando adelante el destino del Colegio y de la comunidad.

Debido a las dificultades aparentemente sin solución, en septiembre de 1955 siendo la Superiora Provincial la madre María Felicitas Villegas se entrevistó con el Señor Arzobispo Don Octaviano Márquez y Toriz, para notificarle la decisión que se había tomado y pedirle su consentimiento para retirar a las hermanas y al mismo tiempo darle las gracias por el tiempo que nos había permitido trabajar en su arquidiócesis .

El Señor Arzobispo por ningún motivo dio su consentimiento para la clausura del Colegio, y en esa forma, las hermanas no pudieron retirarse, fue entonces cuando determinaron organizarse las hermanas con los padres de familia, alumnas y exalumnas para reunir fondos y dar providencia para comprar un terreno donde aproximadamente construirían el edificio del Colegio.

Se consiguió un terreno por medio de Monseñor Luis Garcés, capellán del Colegio, quien siendo amigo del dueño del terreno, pudieron conseguirlo a muy buen precio. El bondadoso Señor Enrique Benitez, se hizo amigo y bienhechor del Colegio. Se dio principio a la construcción en 1956 siendo directora del Colegio la madre Miriam Nicolás Kuri, formando la comunidad esos años: Sor Herminia, Sor María de la Cruz, Sor amada, Sor Feliciano, Sor María de la Asunción, Sor María Kotska, Sor María del Calvario, Sor María del Rosario y Sor Beatriz Castilleja.

Poco a poco se realizó la obra abarcando dos partes, una para el Colegio y otra para la casa habitación y el internado, hasta que pudo terminarse dos años después, mientras tanto se iba ocupando lo que era más necesario y entregando las casas que habían obtenido en renta.

Por fin el tiempo de la bendición llegó el 24 de abril de 1958, siendo directora la madre María de la Visitación Bretón, buena parte del trabajo había terminado. Ya después, poco a poco cada una de las diferentes directoras del Colegio fueron construyendo y adaptando a nuevas necesidades las instalaciones que hasta hoy dan un servicio de alto nivel.

Las jóvenes egresadas iban equipadas no sólo con los estudios académicos de buena calidad, sino con los valores morales y religiosos. Su nivel cultural ha sido siempre muy apreciado en las diferentes instituciones, sobre todo en la universidad.

La escuela de extensión se fundó en 1961, a petición del Excmo. Señor Emilio Abascal, Obispo Auxiliar, ocupando las mismas instalaciones por las tardes. Después se fueron al barrio de Analco. A pesar de los esfuerzos de las directoras, hermanas y alumnas del Colegio Central, quienes ayudaban de muchas formas, la escuela tuvo que desaparecer debido a la crisis de 1974.

Cuando la madre María de la Visitación Bretón terminó su periodo en la dirección entrega la misma a la madre María Goretti Rivera, el 22 de enero de 1965. Por ese tiempo se dio mucho auge a distintas secciones, así como la Congregación Mariana, y a la Liga Misional de Estudiantes.

Sor María Goretti termina su estancia en la dirección y entrega esta responsabilidad a Sor María Boschetti el 15 de agosto de 1967. Pasados tres años Sor María Boschetti es llamada a servir en otro apostolado y toma su lugar Sor María Elisa Camargo, al terminar su periodo, el Colegio Central continúa a cargo de Sor María del Socorro Fuentes G, ella a su vez entrega a Sor María Loyola Barba. al término de su oficio entrega la dirección nuevamente a Sor María Goretti Rivera, después tendría la responsabilidad Sor Martha Estela Pérez Curiel, le sigue Sor María del Rosario Palacios Olmos que al terminar su periodo entrega la dirección a Sor María Estela García Robles, durante este periodo ella y su equipo trabaja arduamente sobre documentos y programas del Ministerio de Educación en el ámbito provincial. Nuevamente recibe la dirección Sor María del Rosario Palacios y al finalizar su periodo entrega la dirección a Sor María Sarto Rivera Sarti quien a su vez entrega la dirección a Sor Rosa de Lima Villegas Santacruz, estando actualmente en la dirección general Sor Maricela Guadalupe Martínez Aguilar. No cabe duda que todas han ido entregando lo mejor de sí mismas en bien de la comunidad escolar.

Desde agosto de 1999 el Colegio ofrece el servicio de educación mixta (coeducación) en sus secciones de Preescolar, Primaria, Secundaria y Preparatoria.

El equipo de hermanas y de laicos comprometidos en esta labor hace esfuerzos por impulsar una educación integral, los cuales se ven coronados en las respuestas positivas del alumnado.

Así es como en nuestra querida ciudad de Puebla, el Colegio Central continúa el llamado de Monseñor Claudio María Dubuis haciéndose extensivos manos y brazos del amor misericordioso del Padre, sembrando a través de la educación la semilla de fe y amor que constituyen la esperanza de un mundo mejor.

LEGADO HISTÓRICO: El Carisma Institucional.

“El carisma de nuestra Congregación es el ser llamadas para que el amor de Dios, como se manifiesta en la Encarnación, sea presencia real y tangible en el mundo de hoy. Porque la misión de nuestra Congregación es actualizar el amor salvador y misericordioso del Verbo Encarnado, ya que lo seguimos como modelo de caridad y obediencia y proclamamos la misión de Él, que asumió nuestro existir humano e hizo propios los sufrimientos y las esperanzas de su pueblo y profesamos un amor universal, entregándonos totalmente a las obras de misericordia a la que hemos sido llamadas. Además inspiradas por la actitud abierta y disponible de María a la voluntad de Dios y por el ejemplo de su Hijo, de confiada obediencia a esa voluntad”

EL COLEGIO CENTRAL Y SUS DIRECTORAS:

Religiosas que han dirigido el Colegio a través del tiempo

 

  1. Sor Marcelina Cantú
  2. Sor Toribia De León
  3. Sor María de Asís Figueroa
  4. Sor Herminia Fuentes
  5. Sor Amata Tercero
  6. Sor Antonieta Legorreta
  7. Sor María Auxilio Soto Petit
  8. Sor Miriam Nicolás Kuri
  9. Sor María de la Visitación Bretón
  10. Sor María Goretti Rivera Sarti
  11. Sor María Boschetti
  12. Sor María Elisa Camargo
  13. Sor María del Socorro Fuentes G.
  14. Sor María Loyola Barba C.
  15. Sor María Goretti Rivera Sarti
  16. Sor Martha Estela Pérez Curiel
  17. Sor María del Rosario Palacios Olmos
  18. Sor María Estela García Robles
  19. Sor María del Rosario Palacios Olmos
  20. Sor María Sarto Rivera Sarti
  21. Sor Rosa de Lima Villegas Santacruz
  22. Sor Maricela Guadalupe Martínez Aguilar